Koenma's Laboratory




Estoy Estropeado

18 de noviembre de 2007

Robot : Doctor, estoy estropeado...
Doctor : ¡Eso es absurdo! He comprobado cada uno de tus componentes y están en perfecto estado.
Robot : Doctor, estoy estropeado...
Doctor : No te consiento que le digas eso a tu creador. ¿Sabes cuánto tiempo me costó crearte?¿Sabes cuánto tiempo te he dedicado para darte la vida?

El doctor daba vueltas en círculo por el laboratorio mientras hablaba a su creación. Ésta le advertía de un defecto. ¿Pero cuál sería?

Robot : Doctor... te quiero...
Doctor : (mirando de repente y esperanzadamente al robot) ¿Cómo has dicho?
Robot : Doctor... estoy estropeado...

El doctor caminó en dirección al robot y sin pensárselo dos veces, lo desactivó. Un dolor se expandía por todo su pecho provocando una lágrima que con rabia apartó de su cara.

Caminó hacia la salida del laboratorio. Se detuvo por un instante y el pulsamiento de un interruptor fue el fin de un capítulo en su vida.

Aquel robot yació en el mismo lugar durante mucho tiempo, tapado con una sábana como si de un fantasma se tratase. El doctor a veces miraba y se cuestionaba sobre el qué sería si lo volviese a conectar. Pero ya bastante le había dedicado para aún así seguir insistiendo en lo que ya era un problema que se le escapaba de sus manos. Aquel robot advertía de un defecto el cual no tenía arreglo. El doctor no tuvo un algoritmo eficaz para mostrarle que ese defecto era toda una virtud.

Finalmente, conforme pasaron los meses, el doctor siguió con otros proyectos adelante. Aquella reliquia científica, oculta tras una sábana, no tuvo más la oportunidad de advertir sobre un defecto que hasta ella misma desconocía. Un defecto virtuoso que ninguna máquina podría comprender. La batería de reserva que todo humano preserva... el defecto de :

Amar.

FIN

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Posteado por Koenma a las 23:09, | 5 comentario(s)                  Ir al Inicio | Ir Arriba

Un último deseo...

22 de octubre de 2007

La suave brisa de una tarde de otoño acariciaba su cara,
una lágrima corría por su mejilla desconociendo su destino.
Atravesó sus entrañas, ignorando su verdadero cometido,
ni dándole la oportunidad a vivir otra vez lo vivido.

A una corta distancia, ambas almas se encontraban.
Dos meros desconocidos, unidos bajo un mismo objetivo.
Rascando el umbral del efímero y esperanzador contacto.
Ignorando a los dioses que enlazaban sus caminos.
Asumiendo un final triste para este cuento de hadas.
Negaba por completo su existencia.

Como un último deseo, en su ponderada insistencia,
vivir lo anhelado, era la clave de su existencia.
Un suspiro separaba la realidad del sueño de la vida,
su cuerpo caía suavemente en los brazos del otoño.
Cálida era aquella cama, donde el llanto y el desahogo,
finalmente, le permitió seguir con su fuente de vida:

Soñar.


"Cada uno es Dios en su propio mundo."
Rubens García








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Posteado por Koenma a las 19:30, | 3 comentario(s)                  Ir al Inicio | Ir Arriba

Ahora

19 de septiembre de 2007

Se levantaba cada mañana en un nuevo día. La suave brisa del tiempo arrancaba la hoja del día anterior del calendario. Era el momento de abandonar la cama.

Se aseó, desayunó y se dispuso a tomar su monótona ruta al trabajo. Tras la espera al tranvía, Tom se cruzó de brazos y observaba la actividad diurna de las personas que pasaban por la avenida. Pensaba en si la gente no se cansaría de lo mismo día tras día. Pensaba sobre lo que podría ser de su futuro o sobre lo que pudo ser de su pasado. Era un continuo viaje en el tiempo mentalmente sin estar en el presente. Quería un cambio en su vida, pero tenía miedo al cambio.

Al otro extremo de la parada del tranvía, había un chaval que lo miraba misteriosamente.

Chica (chocando contra Tom): Vaya... perdona.
Tom: No pasa nada.

Se aproximaba el tranvía. Tom tenía la costumbre de calcular donde podría colocarse para coincidir delante de unas de las puertas de los vagones del tranvía. Como siempre, había acertado una vez más. Se dispuso a entrar cuando de reojo, había visto al misterioso chaval que entraba por un extremo del tranvía.

Tom tenía el despiste de mirar cuanto saldo le quedaba en su bono del tranvía. Por lo tanto, tickeaba en la máquina rápidamente y se disponía a vigilar uno de los asientos delanteros, pegados a la ventana, que tanto le gustaban. Al acechar uno libre, no dudó en ir hasta él antes de que el tranvía se aproximara a su siguiente parada.

Tom (sentándose): Genial...

Al cabo de un rato, se acordó del misterioso chaval y miró hacia detrás. Le había llamado la atención.

De pronto, pudo ver al chico como se aproximaba a él para sentarse a su lado. Tom sintió un ligero escalofrío al acercarse aquel raro chaval de pelo largo a su lado.

Tom miraba de reojo al chico. Al parecer estaba trasteando con el móvil. Tras unos minutos, Tom escuchó una voz proveniente de su lado derecho.

Chico : Perdona, ¿sabes donde queda la facultad de Física?
Tom (cortado): Emmm, sí, claro... ahí me dirijo yo. Bájate en mi parada y me sigues.
Chico (sonriendo): Gracias.

Tom esperaba más conversación del chaval después de decirle eso, sin embargo, se mantuvo callado. Al llegar a la parada destino, ambos se bajaron y el chaval comenzó a seguirle con las manos en los bolsillos y cabizbajo. Su pelo le tapaba parcialmente uno de sus ojos. Tom comenzaba a sentirse un poco incómodo. Al llegar a la facultad de Física, el chaval levantó la cabeza y miró a Tom.

Tom: Bueno, hemos llegado.
Chico (sonriendo): Gracias.
Tom (sonriendo): De nada.

La mirada del chaval hacia Tom le produjo una sensación de haberle conocido en otra ocasión. Sin embargo, Tom prosiguió a continuar su rutinario día a día.

A la tarde-noche, al llegar a casa, la madre de Tom le hacía la misma pregunta exactamente con el mismo tono.

Madre de Tom : ¿Qué tal hoy?
Tom (exhausto): Como siempre.

Dia siguiente. Otra vez la suave brisa del tiempo arranca otra hoja del calendario. Tom se acercaba a la parada del tranvía. Pudo ver a ese extraño chaval de pelo largo otra vez en el mismo extremo de la parada.

No obstante, justo en ese momento, Tom sintió un golpe en su espalda.

Chica (chocando contra Tom): Vaya... Perdona.

Tom se quedó extrañado. Era la misma chica que había chocado contra él justo el día anterior. En ese momento, el tranvía se aproximaba. Se subió en él, y antes de tickear, comprobó si le quedaba dinero.

Tom (pensando): ¿Pero cómo...? Si tiene que estar apunto de acabarse, no puede ser. Pero... si yo he tickeado...

Al cabo de unos minutos, pudo contemplar que los asientos donde estaba sentado él, estaban libres. Se dispuso a sentarse.

Tom (pensando): Tuvo que ser casualidad lo de la chica...

Tras estar un rato sentado, un chico de pelo largo se había sentado justo a su lado.

Era él. Tom comenzó a sentir escalofríos. ¿Qué demonios sucedía?

Chico: Perdona, ¿sabes donde queda la facultad de Física?

Tom quedó perplejo ante la MISMA pregunta que le había hecho el día anterior.

Tom (pálido): Emm... yo me dirijo allí... bájate conmigo y me sigues.
Chico (sonriendo): Gracias.

Al llegar a la parada destino. Ambos se bajaron y Tom comenzó a tratar de recordar lo que había sucedido el día anterior mientras caminaba. Personas, coches, todo... trató de ver si era la misma imagen y semejanza del día anterior, cuando de pronto, pudo escuchar la voz del misterioso chico.

Chico: Yo soy el cambio que llevas buscando.

Tom se dio la vuelta y miró asustado al chico.

Tom (asustado): ¿Qué?¿Qué es lo que estás diciendo?
Chico: Soy el cambio que has estado buscando.

Tom se sintió confuso. Sentía que conocía a ese chico, pero era imposible. En todo caso, lo conocería del día anterior. ¿Qué demonios estaba pasando?

Tom (temblando un poco): Creo que te has confundido de persona, ¿eh?

El chico se detuvo y una lágrima que huía aterrorizada de su único ojo visible, acabó suicidándose contra el paso de peatones del tranvía. Tom pudo escuchar gritos de una persona, alertando a alguien. Cuando de pronto, su cabeza dio un giro de 90º a la izquierda y pudo contemplar aquella película de corta duración llamada : "su vida".

Un tranvía había atropellado a Tom, provocando la caida de su cuerpo a varios metros de la parada.

Tom (suspirando): ¿Por qué?
Tom (...)

Un último suspiro exhalo esa última cuestión sobre lo que había sido..........

Tom (sudando): ¡Dios!

Había tenido una pesadilla. A medida que comenzaba a despertar el día, mientras realizaba sus actividades diurnas, Tom reflexionaba sobre esa terrible pesadilla que había tenido. Al acercarse a la parada del tranvía, se cruzó de brazos y contempló a las personas realizando sus mismas actividades de todos los días...

Sin embargo, algo había cambiado. Tom ya no pensaba en la monotonía que contemplaba día a día. Ahora se cuestionaba si realmente valía la pena vivir en un presente donde dejaba que la vida le diera sorpresas, a veces, agradables, a veces, tristes, afrontándolas, en vez de vivir pensando en lo que pudo ser en el pasado o lo que podría ser en un futuro y no existir.

Pensaba sobre su miedo al cambio. No obstante, ahora no temería dejando que la vida le trajese sorpresas y que surja lo que tuviese que surgir. Su lema, a partir de entonces, fue : "Si algo tiene que ocurrir, es por alguna razón."

Al aproximarse al tranvía, Tom miró de un lado para otro. Esperó el empujón de la chica que se había chocado contra él dos veces consecutivas. No estaba.

Tom (sonriendo): En fin...

Entró al tranvía, tickeó con su bono de estudiante y comprobó el saldo. Al verlo, sonrió de nuevo. Tras unos minutos, pudo ver uno de sus asientos favoritos, libres, junto a la ventana. Dudó en sentarse. Sin embargo, sabía que su pesadilla había pasado a la historia.

En una parada, pudo ver que alguien se sentaba a su lado. Tom no se lo podía creer. Era él de nuevo.

Chico: Perdona, ¿sabes donde queda la facultad de Física?

Tom respiró hondo y le respondió.

Tom: Sí, claro. Yo voy allí, bájate conmigo y me sigues.
Chico (sonriendo): gracias.

Tom: ...
Chico: ...

Tom (sonriendo): Por cierto, mi nombre es Tom.
Chico (sonriendo): Encantado. Mi nombre es Matt.

FIN

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Posteado por Koenma a las 19:47, | 2 comentario(s)                  Ir al Inicio | Ir Arriba

Tregua

30 de agosto de 2007

(Recuerdo) Helen: No quiero volver a hablar de esto nunca más. ¡Estás confuso!¡Eso es lo que estás!¡Maldita sea el internet! Ahora mismo le diré a tu padre que te lo quite por haber leído cosas que no has debido. Y ese amigo tuyo... ¡Te prohíbo que lo sigas viendo!

Tras recordar esas frases, Eric había soltado su última lágrima, la cual corrió a toda velocidad por su mejilla debido a la brisa tan fuerte que azotaba a su cara. Sin pensarlo otra vez, extendió sus brazos y dio un acto de fé para abrazar el cielo. Su cuerpo yacía en caída libre desde lo alto de un edificio hallado en la soledad.

Sin embargo, el final que todo el mundo esperaría después de este suceso... no ocurrió. Un milagro produjo que Eric abriera sus ojos y pudiera contemplar la monotonía urbana una vez más. ¿Qué había ocurrido?

Eric: (pensando) ¿Pero qué...?

Se levantó del suelo. Miró hacia arriba y contempló la considerable altura de donde se encontraba.

Ahora sí que estaba realmente confuso. Esperaba poder abandonar este mundo en el que la soledad trataba de desterrarlo torturándolo con su dura compañía. No obstante, se encontraba de pie después de haberse dejado caer desde lo alto del edificio.

Tras haberse sacudido un poco la ropa, salió corriendo en dirección a su casa. Al llegar, se metió en su cuarto sin más. Su madre fue a dar con él.

Helen: ¿Dónde has estado?¿Qué te ha pasado en la ropa? No me digas que has estado con él...

Eric tenía la cabeza en otra parte. No podía asimilar en absoluto lo que había vivido.

Helen: (gritando) ¡Respóndeme!

Eric: (gritando) ¡Déjame en paz!

Eric salió corriendo de su cuarto y se marchó de casa. Se echó a llorar. ¿Por qué no podía descansar en paz? No tenía respuesta para esta pregunta. No tenía apoyo ni comprensión por parte de nadie más que de su amigo. Sin embargo, su amigo no podía estar siempre ahí para él. Y para colmo, Eric estaba enamorado de él.

Pasaron los meses y Eric comenzó a recuperar la estabilidad en su casa. Su madre, la cual negaba la naturaleza de su hijo, ya no controlaba a Eric de la misma forma que antes. Es más, ya asimilaba que él debía continuar con su vida. Pero en el fondo, no compartía en nada las tendencias de su hijo.

El amigo de Eric el cual la madre le prohibía estar con él, se tuvo que marchar. Eric se quedó completamente sólo, sin nadie que pudiera apoyarle y comprenderle.

Con el paso de los años, Eric consiguió salir adelante por sí mismo. Aquellos extraños sucesos, habían sido casi olvidados milagrosamente y continuó emprendiendo la búsqueda de alguna persona, como él, que pudiera comprenderle y pudiera hacerle feliz. Tras un largo tiempo como era, Eric perdía las esperanzas y las ilusiones por continuar teniendo la fé necesaria para avanzar y saber que algún día dejaría de estar sólo e incomprendido.

Un día, conoció a un chico el cual lo hizo muy feliz. Aunque vivieron un amor clandestino, por fin había encontrado a alguien que no sólo le podía entender. Sino también, comprenderle.

Una noche, Eric y su anhelado novio Derek se encontraban en una playa, a la orilla del mar caminando. Mientras caminaban, Eric se detuvo. Contempló la luna llena, el horizonte acuático en el cual estaba reflejado un haz de luz blanco que iluminaba parcialmente el rostro de la pareja.

Derek: ¿Qué ocurre Eric?

Eric: (con lágrimas en los ojos) Que te quiero.

Un beso bajo la luz de la luna fue el sello de aquel bonito momento que estaba pasando la pareja. Tras seguir caminando, Eric se detuvo por un momento. Se agachó y escribió en la arena:

"TREGUA"

Paso tras paso, acercándose a Derek, Eric comenzó a sentir una sensación de paz enorme, una calidez y armonía que le provocó exhalar un cálido suspiro. En ese momento, su vida retrocedió como una película marcha atrás hasta el minuto en el que yacía en el suelo observando la monotonía urbana.

Su sangre abandonaba su cuerpo... recorría los surcos de la acera en la que yacía su cuerpo. Sus ojos, poco a poco, se fueron nublando y una lágrima huía aterrorizada por una de sus mejillas, suicidándose en su barbilla y cayendo junto al río de color rojo. Su última palabra, fue : "tregua".

Tregua. La muerte había declarado una tregua con Eric. Le había mostrado que la vida, pese a lo que se viva, nunca habría motivo suficiente que haga buscar cualquier vía de escape. La vida, pese a lo que se sufra, puede cambiar y que el sufrimiento cese como una estúpida guerra. La vida, había que vivirla, hasta el último momento en que tengamos que decir "hasta luego".

FIN

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Posteado por Koenma a las 18:30, | 3 comentario(s)                  Ir al Inicio | Ir Arriba